Había una vez un niño llamado Mateo, que tenía muchos miedos. Le temía a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las personas altas y a las personas bajas. También le tenía miedo a los jarabes amargos ya las burlas, ya muchas cosas más. Nadie lo comprendió, hasta que un día, en la plaza, conoció a un nuevo amigo canino. Este amigo peludo lo ayudó a enfrentar sus miedos y poco a poco, Mateo dejó de tener tanto miedo.